Esa voz que me visita de tarde en tarde, tan próxima
sin importar las distancias, con letras que teje el viento,
llena todos mis espacios.
Por momentos tan mía y por otros tan extraña, tan lejana
Me alío a los silencios y con firmeza
intento expulsarlo de mi estar,
para fundirme en nuevas primaveras,
y perdurar como la rosa que escapa del naufragio.
Voy apoderarme de las palabras justas.
¡Para que no lo nombren!